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Sant Vicent de La Roqueta consolida su estructura y avanza para ser espacio de uso público

Las obras de consolidación estructural del Monasterio de Sant Vicent de La Roqueta de Valencia, llevadas a cabo a través del Plan Confianza con un presupuesto de 2.339.635 euros, acabarán a principios de 2017, en enero o febrero, tras haber comenzado a finales de enero del pasado año y antes de los catorce meses de ejecución previstos inicialmente. De esta forma el inmueble avanza para convertirse en espacio de uso público.

Estos trabajos, necesarios antes de acometer cualquier otra intervención en este edificio de propiedad municipal dado el “estado de ruina inminente” que presentaba, darán paso a la “campaña arqueológica completa” que se pretende hacer en el inmueble, que a lo largo de la historia ha ido cambiando su aspecto en diferentes etapas y con distintas intervenciones. Los primeros restos de actividad humana en este enclave datan del siglo IV después de Cristo.

Así lo han comentado este martes el concejal de Desarrollo Urbano en el Ayuntamiento de Valencia, Vicent Sarrià; responsables de la UTE Rayosa, encargada de la dirección facultativa, y el jefe de Arqueología del consistorio, Albert Ribera, durante la visita realizada al monasterio para conocer el estado de las obras de consolidación. La UTE Monasterio S. Vicente de La Roqueta (Dragados-Geocisa) es la empresa constructora.

Sarrià ha valorado el transcurso de estos trabajos y la recuperación de un monumento en “estado ruinoso desde hace años” y, como consecuencia de las “muchas transformaciones” sufridas “a lo largo del tiempo”, con un aspecto “muy desfigurado”. Ha dicho que estaba “prácticamente perdido” a pesar de ser “un referente histórico y simbólico muy importante para los valencianos”.

El edil ha recordado la vinculación con la tradición vicentina de este enclave, en cuyo entorno recibió martirio el diácono Vicente en el s IV, y que éste fue un monasterio creado por el Rey Jaume I en el que “se depositó el ‘Penó de la Conquesta’ tras la toma de la ciudad de Valencia a los musulmanes”.

Vicent Sarrià ha dicho que la consolidación “ha permitido poner en valor las diferentes etapas” vividas por el inmueble “de manera satisfactoria”, a pesar de haber sido una “intervención complicada”. Ha avanzado que tras ella se iniciará el estudio arqueológico y que el Ayuntamiento comenzará a estudiar “los posibles usos públicos que se le pueden dar al monasterio”, en la línea de una instalación “socio-cultural”.

Los trabajos de consolidación, que se ciñen al antiguo monasterio y no afectan a la iglesia contigua ni al entorno, son un paso más del proceso iniciado en 1973 con la incorporación del edificio al patrimonio municipal, la realización de catas arqueológicas parciales en 1985-1986 y 2010-2011, y el “apuntalado total” de muros, forjados y arqueríos “para evitar que se hundiera el edificio”.

“LA SENSACIÓN ERA QUE SE IBA A CAER”

Los responsables de estas obras han destacado que cuando llegaron al monasterio para iniciar esta intervención encontraron una construcción en estado de “ruina inminente apuntalada totalmente” y “sin posibilidades de uso”. “La sensación era que se iba a caer”, ha indicado el arquitecto Alberto Peñín, del comité asesor de la dirección facultativa de la obra.

Peñín ha explicado que esta situación “hacía necesario, con buen criterio, consolidar primero el edificio” antes de acometer cualquier otra intervención, incluida la arqueológica, para “recuperar su estabilidad y seguridad”. En este sentido, ha resaltado que esta actuación se está haciendo “sin hipotecar excavaciones futuras”, con el fin de garantizarlas porque no tener en cuenta determinados elementos “hubiera sido una pérdida de oportunidad para conocer la historia y el edificio”.

No obstante, tanto los responsables de la consolidación como el responsable de arqueología municipal han afirmado que el monasterio apenas conserva elementos de su fundación y de años posteriores. Peñín ha reiterado que a lo largo de su historia el inmueble ha vivido “un proceso histórico muy variado” pero también “muy destructivo” ya que sobre él se han hecho “muchas intervenciones” con las que “el que llegaba rompía lo anterior y lo hacía de nuevo”.

De este modo, han señalado que a lo largo de la historia se han producido “sucesivas demoliciones” y han considerado que “la más agresiva” fue la realizada en el siglo XVII, con la que “se hizo tabla rasa” y “se eliminó todo”. “El monasterio medieval era una obra muy bien hecha, muy buena y se arrasó”, ha apuntado Albert Ribera.

Posteriormente, a finales del siglos XIX se llevó a cabo de la mano del arquitecto Antonio Martorell otra intervención para transformarlo en convento de monjas. Entonces, el claustro pasó de tener forma de U y a tener cuatro lados y ser cerrado. La puerta principal data también de esa fecha. Durante la guerra civil el Monasterio de Sant Vicent de la Roqueta se usó como cuartel.

ELEMENTOS ENCONTRADOS

De los elementos encontrados hasta el momento en este edificio, Albert Ribera, ha detallado que “lo más antiguo” es “la cerámica del siglo IV asociada a enterramientos de esa época”, así como “indicios” de enterramientos del siglo XII “seguramente de mozárabes”. Ha recordado que en 1986 se encontró un sarcófago de plomo.

Igualmente, han subrayado que en esta intervención se han encontrado elementos constructivos del monasterio original en muros y otras estructuras del inmueble ya que en algunas épocas lo que se iba derribando se iba utilizando como relleno de la construcción nueva. Ahora se han descubierto también ventanas rasgadas a suelo que fueron eliminadas y otros elementos como arqueríos, además de haber sido eliminados otros como el piso alrededor del claustro creado en el siglo XIX.

Con la intervención iniciada a principios de 2016 por medio del Plan Confianza y tras la elaboración del correspondiente proyecto se pretende también, como han aseverado sus responsables, “eliminar elementos impropios” del edificio y “poner en valor los propios”. En concreto, se ha actuado sobre cimientos, muros, forjados de madera, cubiertas, escaleras y fachada.

Esta intervención se completará con la urbanización del entorno, tanto para dignificar el edificio como para resolver los problemas de acceso peatonal y de reordenación del tráfico. Esto pasa por reponer la cota original de entrada al monasterio, unos 45 centímetros inferior a la actual, también para respetar sus entradas.

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